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jueves, 18 de agosto de 2016


Si alguno no provee para los que son suyos, y especialmente para los que son miembros de su casa, ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe (1 Tim. 5:8).
El apóstol Pablo indicó que los hijos y los nietos deben “[pagar] la debida compensación a sus padres y abuelos” cuando estos ya no pueden cubrir sus gastos. Pero también animó a todos los cristianos a estar contentos con las cosas básicas —comida, abrigo y techo— en lugar de esforzarse constantemente por mejorar su nivel de vida o asegurar su futuro (1 Tim. 5:4; 6:6-10). Así que, para cumplir con el deber de “[proveer] para los que son suyos”, el cristiano no necesita hacerse rico en este mundo que pronto pasará (1 Juan 2:15-17). No permitamos que “el poder engañoso de las riquezas” o “las inquietudes de la vida” impidan a nuestra familia “asirse firmemente de la vida” en el justo nuevo mundo de Dios (Mar. 4:19; Luc. 21:34-36; 1 Tim. 6:19). w14 15/4 4:9

Las vírgenes que estaban listas entraron con él al banquete de bodas (Mat. 25:10).
Las vírgenes discretas no solo tuvieron que prepararse bien, también tuvieron que mantenerse alerta. No obstante, Jesús dijo que todas las vírgenes, las 10, “cabecearon y se durmieron”. ¿Qué quiso enseñar Jesús con esto? Que incluso alguien que desea mantenerse alerta pudiera quedarse dormido, es decir, debilitarse o distraerse, mientras espera su llegada. Los ungidos fieles se han esforzado mucho por seguir esta advertencia. En la parábola de Jesús, todas las vírgenes reaccionaron cuando escucharon: “¡Aquí está el novio!”. Ahora bien, solo las vírgenes discretas se mantuvieron alerta hasta su llegada (Mat. 25:5, 6; 26:41). En la actualidad, los ungidos se han mantenido alerta y han reconocido la señal que demuestra que el Novio está a punto de llegar. w15 15/3 2:2, 9

martes, 16 de agosto de 2016


Continúen soportándose unos a otros y perdonándose liberalmente unos a otros (Col. 3:13).
Otro de los bloques para construir un matrimonio que dure es el perdón. Si llevan la cuenta de errores pasados y los usan como municiones para nuevos ataques, el matrimonio sufre mucho. Igual que las grietas debilitan un muro, los sentimientos heridos y el rencor debilitan el matrimonio, y cada vez les cuesta más perdonar. Sin embargo, cuando se perdonan sin reparos, como hace Jehová, se unen cada vez más (Miq. 7:18, 19). El amor verdadero “no lleva cuenta del daño [o de las ofensas]” (1 Cor. 13:5). ¿Qué podemos hacer si nos cuesta perdonar? Algo que nos ayudará es tener una actitud positiva. Fijémonos en las cosas buenas del otro y felicitémoslo por ellas (Col. 3:15). Como resultado, tendremos paz mental, estaremos más unidos y Jehová nos bendecirá (Rom. 14:19). w15 15/1 3:11-13

lunes, 15 de agosto de 2016


Vístanse de los tiernos cariños de la compasión (Col. 3:12).
“Los tiernos cariños de la compasión” forman parte de la nueva personalidad que todos los cristianos debemos cultivar (Col. 3:9, 10). ¿Cómo podemos ser más compasivos? Una manera es abriendo nuestro corazón de par en par (2 Cor. 6:11-13). Otra es escuchando con atención a quienes nos cuentan sus problemas (Sant. 1:19). Y preguntándonos: “Si yo estuviera en su lugar, ¿cómo me sentiría? ¿Qué necesitaría?” (1 Ped. 3:8). ¿Hay alguna hermana viuda en la congregación que necesita hacer una reparación en su casa? ¿Algún hermano mayor no tiene cómo llegar a las reuniones, o necesita ayuda para ir a predicar o a una cita médica? Hasta el más pequeño de los detalles puede significar mucho para nuestros hermanos (1 Juan 3:17, 18). Pero la mayor muestra de compasión es enseñar el mensaje de la Biblia a otras personas. Es lo mejor que podemos hacer por ellas. w15 15/2 1:14, 15

domingo, 14 de agosto de 2016

Lunes 15 de agosto
El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo. Otra vez: el reino de los cielos es semejante a un comerciante viajero que buscaba perlas excelentes (Mat. 13:44, 45).
Jesús usó estas dos parábolas para mostrar que hay varias maneras de descubrir la verdad. Algunas personas la buscan usando todo lo que está a su alcance. Otras la encuentran aunque no la estén buscando; quizás alguien les habla de ella. De cualquier modo, en ambas parábolas, cada hombre reconoció el valor de lo que había hallado y estuvo dispuesto a hacer enormes sacrificios para no perderlo. ¿Cómo nos ayudan estas dos parábolas? (Mat. 6:19-21.) Pregúntese: “¿Tengo la misma actitud de aquellos dos hombres que mencionó Jesús? ¿Atesoro la verdad como ellos? ¿Estoy dispuesto a hacer sacrificios para no perderla, o permito que otros asuntos me distraigan?” (Mat. 6:22-24, 33; Luc. 5:27, 28; Filip. 3:8). La alegría que sentimos por haber hallado la verdad fortalecerá nuestra determinación de ponerla en primer lugar en nuestra vida. w14 15/12 1:16-18

Si no tiene lo suficiente para una oveja, entonces tiene que tomar dos tórtolas o dos pichones (Lev. 12:8).
La Ley que se le dio a Moisés estipulaba que los israelitas ofrecieran sacrificios (Lev. 9:1-4, 15-21). Dichos sacrificios no podían tener defectos, pues apuntaban al sacrificio perfecto de Jesús. Además, cada uno tenía que hacerse de una manera concreta. Por ejemplo, Levítico 12:6 explica lo que debía hacer una mujer después de dar a luz: “Al cumplirse los días de su purificación por hijo o por hija, traerá un carnero joven en su primer año para una ofrenda quemada y un pichón o una tórtola para una ofrenda por el pecado, a la entrada de la tienda de reunión, al sacerdote”. Aunque las instrucciones eran muy específicas, la Ley deja claro que Jehová es un Dios razonable y amoroso, como lo demuestra el texto de hoy. Aunque fuera pobre, Jehová amaba y valoraba a esa madre igual que a la que podía ofrecer un animal más costoso. w14 15/11 3:11

sábado, 13 de agosto de 2016


Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia de ella (Gén. 3:15).
¿Hasta qué punto llegaría esa enemistad? Jehová dijo que la descendencia de la mujer aplastaría “la cabeza” de Satanás y que este heriría “el talón” de la descendencia de la mujer. La enemistad entre Satanás y la mujer sería tan intensa que él trataría a toda costa de aniquilar a la descendencia de ella. No es de extrañar que el salmista clamara a Dios: “¡Mira!, tus mismos enemigos están en alboroto; y los mismos que te odian intensamente han levantado la cabeza. Contra tu pueblo astutamente continúan su habla confidencial; y conspiran contra aquellos a quienes ocultas. Han dicho: ‘Vengan y [destruyámoslos] para que no sean nación’” (Sal. 83:2-4). La meta de Satanás era contaminar y destruir la línea de antepasados de la descendencia. Con el objetivo de proteger a esa descendencia y garantizar que el Reino lograra sus fines, Jehová estableció acuerdos legales. w14 15/10 2:1, 2