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domingo, 7 de febrero de 2016

Domingo 7 de febrero
Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado (Rom. 5:12).

Aunque Adán y Eva pecaron, para Jehová el responsable fue Adán. Satanás convenció a nuestros primeros padres de que no necesitaban que Jehová los gobernara. Eso hizo surgir esta pregunta fundamental: ¿quién tiene el derecho a gobernar? Para responderla de una vez y para siempre, Dios permitió que durante un tiempo los humanos se gobernaran a sí mismos, pues así se demostraría que cualquier gobierno independiente de él está condenado al fracaso. A lo largo de los siglos, el gobierno del hombre ha hundido a la humanidad en una calamidad tras otra. Solo en el siglo pasado murieron en distintas guerras unos 100 millones de personas, muchas de ellas inocentes. Sin duda, ya ha quedado más que demostrado que “no pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso” (Jer. 10:23). Por eso aceptamos a Jehová como nuestro gobernante (Prov. 3:5, 6). w14 15/8 1:4, 5

sábado, 6 de febrero de 2016

Sábado 6 de febrero
El fundamento sólido de Dios queda en pie, y tiene este sello: “Jehová conoce a los que le pertenecen”, y: “Que renuncie a la injusticia todo el que nombra el nombre de Jehová” (2 Tim. 2:19).

En tiempos del apóstol Pablo, algunos hombres que se llamaban cristianos adoptaron enseñanzas falsas; sin embargo, seguían reuniéndose con la congregación. Aunque a simple vista podían parecer iguales a los demás cristianos, su apostasía representaba un peligro para los fieles. Eran lobos con piel de oveja que estaban debilitando “la fe de algunos” (2 Tim. 2:16-18). Pablo estaba totalmente seguro de que Jehová podía ver la diferencia entre quienes lo adoraban sinceramente y quienes solo fingían hacerlo, y así se lo hizo saber a Timoteo cuando le escribió en su segunda carta inspirada. Tras referirse al daño espiritual que los apóstatas ya les estaban causando a algunos miembros de la congregación, señaló lo que leemos en el texto de hoy. w14 15/7 1:3, 4

viernes, 5 de febrero de 2016

Viernes 5 de febrero
Dios no mora en templos hechos de manos (Hech. 17:24).

¿Tiene sentido buscar a Dios? Claro que sí, pues él quiere que lo encontremos. El apóstol Pablo lo confirmó cuando le habló a un grupo de personas en el Areópago. Desde ese lugar podía verse el Partenón, templo dedicado a Atenea, que era la diosa patrona de la ciudad de Atenas. Imagínese que usted está allí entre la multitud cuando Pablo comienza a hablar del “Dios que hizo el mundo y todas las cosas que hay en él” y explica que “no mora en templos hechos de manos”. Entonces le escucha decir: “Hizo de un solo hombre toda nación de hombres, para que moren sobre la entera superficie de la tierra, y decretó los tiempos señalados y los límites fijos de la morada de los hombres, para que busquen a Dios, por si buscaban a tientas y verdaderamente lo hallaban, aunque, de hecho, no está muy lejos de cada uno de nosotros” (Hech. 17:25-27). En efecto, es posible encontrar a Dios. Más de siete millones y medio de testigos de Jehová lo han hallado y lo aman de corazón. w14 15/6 1:5

jueves, 4 de febrero de 2016

Jueves 4 de febrero
Cuando alguien responde a un asunto antes de oírlo, eso es tontedad de su parte y una humillación (Prov. 18:13).

Al hablar de la Biblia con alguien, tratemos primero de determinar qué es lo que en realidad piensa. De otro modo, quizá pasemos mucho tiempo rebatiendo algo que, de todas formas, la persona no cree (1 Cor. 9:26). Preguntar con prudencia nos ayudará a averiguar por qué una persona cree lo que cree. Por ejemplo, si en nuestro ministerio alguien nos dijera que no cree en Dios, ¿qué podríamos pensar? Sería fácil suponer que está influido por enseñanzas que son populares en este mundo, como la teoría de la evolución (Sal. 10:4). Sin embargo, hay quienes han perdido la fe en Dios por lo mucho que han sufrido ellos o han visto sufrir a otros. Les cuesta aceptar que un Dios de amor pueda permitir todo ese sufrimiento. Por lo tanto, una pregunta bien pensada puede servirnos para ver cuál será la mejor forma de ayudarlos (Prov. 20:5). w14 15/5 1:3, 5

miércoles, 3 de febrero de 2016

Miércoles 3 de febrero
No haciendo nada movidos por espíritu de contradicción ni por egotismo, sino considerando con humildad mental que los demás son superiores a ustedes (Filip. 2:3).

¿Qué es la humildad? En este mundo lleno de orgullo, muchas personas piensan que la humildad es señal de debilidad o de falta de confianza. Pero en realidad es todo lo contrario: ser humilde requiere fortaleza y valor. La humildad es lo opuesto al orgullo y la arrogancia, y está relacionada con la opinión que tenemos de nosotros mismos. Cierto diccionario bíblico dice que ser humilde es reconocer que Dios es mucho más poderoso e importante que nosotros. Aceptar esto evitará que nos creamos superiores a otras personas (Rom. 12:3). Como todos somos imperfectos, se nos hace difícil demostrar humildad. Por eso, si queremos cultivar esta cualidad, debemos meditar en la grandeza de Jehová y seguir los pasos de su Hijo. w15 15/2 1:4

martes, 2 de febrero de 2016


Moisés escogió ser maltratado con el pueblo de Dios más bien que disfrutar temporalmente del pecado (Heb. 11:24, 25).
Con los ojos de la fe, Moisés vio que los placeres o las ventajas que produce el pecado son temporales. Otros quizás no opinaran así porque Egipto, con toda su idolatría y espiritismo, se había convertido en una potencia mundial, mientras que los siervos de Jehová solo eran esclavos. Moisés sabía que Dios podía cambiar esa situación. A quienes vivían para los placeres parecía irles bien, pero él tenía fe en que los malvados serían destruidos. Por eso no cayó en la trampa de “disfrutar temporalmente del pecado”. ¿Cómo podemos evitar la trampa de “disfrutar temporalmente del pecado”? Recordemos que ese placer es momentáneo. Con los ojos de la fe, veamos que “el mundo va pasando, y también su deseo” (1 Juan 2:15-17). Meditemos en el futuro de los pecadores que no se arrepienten (Sal. 73:18, 19). Cuando nos veamos tentados a pecar, pensemos: “¿Qué futuro quiero?”. w14 15/4 1:2, 4, 5

lunes, 1 de febrero de 2016

Lunes 1 de febrero

Has escondido estas cosas de los sabios e intelectuales y las has revelado a los pequeñuelos (Mat. 11:25).
¿Por qué llamó Jesús a sus discípulos “pequeñuelos”? Porque eran humildes y estaban dispuestos a aprender, al igual que los niños. No eran como los intelectuales de su tiempo, que se creían muy sabios (Mat. 18:1-4). ¿Cómo los benefició ser humildes? Jehová usó su espíritu santo para ayudarlos a entender verdades importantes de las Escrituras. ¿Y qué ocurrió con los líderes religiosos judíos? Debido a su orgullo, se dejaron influir por Satanás y no consiguieron comprender dichas verdades. ¿Vemos ahora por qué estaba Jesús tan contento? Jehová había logrado que personas humildes, sin importar cuál fuera su nivel de educación, entendieran verdades profundas. Su enseñanza era sencilla, y eso le hacía muy feliz a Jesús. w15 15/3 1:2, 3