Martes 18 de octubre
Jehová es mi ayudante; no tendré miedo (Heb. 13:6).
Un anciano experimentado que vive en un país pobre comenta: “Muchas veces la gente habla de lo felices que somos los testigos de Jehová”. Y agrega: “También se da cuenta de que hasta los hermanos pobres siempre van bien vestidos y parecen tener más que otros de su entorno”. Esto prueba que la promesa que Jesús hizo a los que ponen primero el Reino se cumple (Mat. 6:28-30, 33). Su Padre celestial lo ama y desea lo mejor para su familia. La Biblia dice que “sus ojos están discurriendo por toda la tierra para mostrar su fuerza a favor de aquellos cuyo corazón es completo para con él” (2 Crón. 16:9). Él nos ha dado mandatos sobre cómo cuidar de la familia para que nos vaya bien. Cuando le obedecemos, demostramos amor y confianza en él. “Pues esto es lo que el amor de Dios significa: que observemos sus mandamientos; y, sin embargo, sus mandamientos no son gravosos.” (1 Juan 5:3.) w14 15/4 4:19, 20
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martes, 18 de octubre de 2016
lunes, 17 de octubre de 2016
Lunes 17 de octubre
Al grado que lo hicieron a uno de los más pequeños de estos hermanos míos, a mí me lo hicieron (Mat. 25:40).
Jesús ha estado conversando con sus amigos, Pedro, Andrés, Santiago y Juan. Acaba de contarles las parábolas del esclavo fiel y discreto, de las 10 vírgenes y de los talentos. Pero todavía tiene que contarles una parábola más. Les habla del tiempo en que “el Hijo del hombre” juzgará a “todas las naciones”. ¿Podemos imaginar la expectación con que le escuchan sus discípulos? Jesús habla de dos grupos: las ovejas y las cabras. Y, a continuación, menciona a un grupo muy importante: los “hermanos” del “rey” (Mat. 25:31-46). Al pueblo de Jehová siempre le ha interesado mucho esta parábola, y con razón, pues su significado está relacionado con el futuro de las personas. En ella, Jesús dijo que un grupo viviría para siempre y otro sería destruido. w15 15/3 4:1, 2
Al grado que lo hicieron a uno de los más pequeños de estos hermanos míos, a mí me lo hicieron (Mat. 25:40).
Jesús ha estado conversando con sus amigos, Pedro, Andrés, Santiago y Juan. Acaba de contarles las parábolas del esclavo fiel y discreto, de las 10 vírgenes y de los talentos. Pero todavía tiene que contarles una parábola más. Les habla del tiempo en que “el Hijo del hombre” juzgará a “todas las naciones”. ¿Podemos imaginar la expectación con que le escuchan sus discípulos? Jesús habla de dos grupos: las ovejas y las cabras. Y, a continuación, menciona a un grupo muy importante: los “hermanos” del “rey” (Mat. 25:31-46). Al pueblo de Jehová siempre le ha interesado mucho esta parábola, y con razón, pues su significado está relacionado con el futuro de las personas. En ella, Jesús dijo que un grupo viviría para siempre y otro sería destruido. w15 15/3 4:1, 2
jueves, 13 de octubre de 2016
Viernes 14 de octubre
El que es tardo para la cólera es mejor que un hombre poderoso; y el que controla su espíritu, que el que toma una ciudad (Prov. 16:32).
Nunca debemos hablarles a otros de los defectos de nuestra pareja o quejarnos de sus faltas, ni siquiera en broma. Recordemos que el matrimonio no es una competencia para ver quién es más fuerte, quién grita más alto o quién dice cosas más hirientes. Claro, es normal que a veces el otro haga algo que nos moleste, pues todos somos imperfectos. Pero eso no nos da derecho a ridiculizarlo o avergonzarlo, a decirle cosas hirientes y, menos aún, a darle un empujón o hasta golpearlo (Prov. 17:27; 31:26). Requiere mucha fuerza moral imitar al hombre más grande que ha pisado la Tierra, Jesucristo, y controlar el carácter. El que maltrata verbal o físicamente a su esposa no demuestra ser muy hombre, y por supuesto no puede tener una amistad con Jehová. El salmista David, que era un hombre fuerte y valiente, escribió: “Agítense, pero no pequen. Digan lo que quieran en su corazón, sobre su cama, y callen” (Sal. 4:4). w15 15/1 3:16, 17
viernes, 30 de septiembre de 2016
Viernes 30 de septiembre
Una cosa he pedido a Jehová... es lo que buscaré, que pueda morar en la casa de Jehová todos los días de mi vida (Sal. 27:4).
Los miembros del pueblo de Dios tenemos una preciosa oportunidad: hablarles a nuestros semejantes del nuevo mundo que Jehová ha prometido (2 Ped. 3:13). Allí, “los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz” (Sal. 37:11). “Edificarán casas, y las ocuparán”, y disfrutarán de “la obra de sus propias manos” (Is. 65:21, 22). No habrá más opresión ni pobreza ni hambre (Sal. 72:13-16). Babilonia la Grande no engañará a nadie más porque ya no existirá (Rev. 18:8, 21). Los muertos resucitarán y tendrán la oportunidad de vivir para siempre (Is. 25:8; Hech. 24:15). Un porvenir emocionante, ¿no es cierto? Los que nos hemos dedicado a Jehová somos millones. Ahora bien, para ver cumplidas esas promesas, cada uno tiene que seguir progresando espiritualmente, avanzando al paso de la organización de Dios. w14 15/5 4:16, 17
Una cosa he pedido a Jehová... es lo que buscaré, que pueda morar en la casa de Jehová todos los días de mi vida (Sal. 27:4).
Los miembros del pueblo de Dios tenemos una preciosa oportunidad: hablarles a nuestros semejantes del nuevo mundo que Jehová ha prometido (2 Ped. 3:13). Allí, “los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz” (Sal. 37:11). “Edificarán casas, y las ocuparán”, y disfrutarán de “la obra de sus propias manos” (Is. 65:21, 22). No habrá más opresión ni pobreza ni hambre (Sal. 72:13-16). Babilonia la Grande no engañará a nadie más porque ya no existirá (Rev. 18:8, 21). Los muertos resucitarán y tendrán la oportunidad de vivir para siempre (Is. 25:8; Hech. 24:15). Un porvenir emocionante, ¿no es cierto? Los que nos hemos dedicado a Jehová somos millones. Ahora bien, para ver cumplidas esas promesas, cada uno tiene que seguir progresando espiritualmente, avanzando al paso de la organización de Dios. w14 15/5 4:16, 17
miércoles, 28 de septiembre de 2016
Miércoles 28 de septiembre
El amor es tan fuerte como la muerte (Cant. de Cant. 8:6).
El matrimonio tiene que estar caracterizado por el amor. Pero ¿qué clase de amor? ¿El amor basado en principios bíblicos que debemos tenerles a todas las personas? (1 Juan 4:8.) ¿El que sentimos de manera natural por nuestra familia? ¿El cariño especial que nos une a nuestros amigos? (Juan 11:3.) ¿O, quizás, el amor romántico que surge entre un hombre y una mujer? (Prov. 5:15-20.) En realidad, el amor en el matrimonio debe incluir todos estos sentimientos. Y es importante que el esposo y la esposa se demuestren ese amor con palabras y hechos. ¡Nunca deben permitir que los quehaceres del día a día los priven de hacerlo! Las muestras de cariño contribuyen mucho a que sean felices y estén unidos. Esto es muy cierto también en las culturas en que los matrimonios son concertados. En ocasiones, los novios apenas han podido conocerse antes de la boda. A medida que se van conociendo y su amor crece, tienen que confirmarse lo que sienten. Así su matrimonio se fortalecerá y se acercarán más el uno al otro. w15 15/1 5:9
El amor es tan fuerte como la muerte (Cant. de Cant. 8:6).
El matrimonio tiene que estar caracterizado por el amor. Pero ¿qué clase de amor? ¿El amor basado en principios bíblicos que debemos tenerles a todas las personas? (1 Juan 4:8.) ¿El que sentimos de manera natural por nuestra familia? ¿El cariño especial que nos une a nuestros amigos? (Juan 11:3.) ¿O, quizás, el amor romántico que surge entre un hombre y una mujer? (Prov. 5:15-20.) En realidad, el amor en el matrimonio debe incluir todos estos sentimientos. Y es importante que el esposo y la esposa se demuestren ese amor con palabras y hechos. ¡Nunca deben permitir que los quehaceres del día a día los priven de hacerlo! Las muestras de cariño contribuyen mucho a que sean felices y estén unidos. Esto es muy cierto también en las culturas en que los matrimonios son concertados. En ocasiones, los novios apenas han podido conocerse antes de la boda. A medida que se van conociendo y su amor crece, tienen que confirmarse lo que sienten. Así su matrimonio se fortalecerá y se acercarán más el uno al otro. w15 15/1 5:9
martes, 27 de septiembre de 2016
Martes 27 de septiembre
El procónsul se hizo creyente (Hech. 13:12).
Como los judíos estaban tan dispersados por el Imperio romano, muchos no judíos llegaron a conocer las Escrituras Hebreas. Aprendieron que solo hay un Dios verdadero y que quienes le sirven tienen que vivir según elevadas normas morales y éticas. Las Escrituras Hebreas también contenían muchas profecías sobre el Mesías (Luc. 24:44). Tanto los judíos como los cristianos veían esos escritos como Palabra de Dios, por lo que Pablo pudo aprovechar ese punto en común para llegarles al corazón a los que eran sinceros. Tenía la costumbre de ir a las sinagogas de los judíos y allí explicarles las Escrituras (Hech. 17:1, 2). Los judíos se reunían regularmente en sinagogas o en otros lugares al aire libre. Cantaban alabanzas, oraban y analizaban juntos las Escrituras. Los discípulos adoptaron las mismas costumbres y, de hecho, hoy seguimos un modelo parecido. w15 15/2 3:16, 17
domingo, 25 de septiembre de 2016
Domingo 25 de septiembre
Lo hallaron en el templo (Luc. 2:46).
Jehová nos ayuda a mantener la unidad mediante las reuniones. Hebreos 10:24, 25 nos recuerda que una de las razones para no faltar a ellas es que nos motivan “al amor y a las obras excelentes”. Pero es interesante que, además, Jehová nos dé las reuniones para que nos animemos mutuamente a medida que “el día se acerca”. Jesús es un buen ejemplo para nosotros porque apreciaba reunirse con el pueblo de Dios. A la edad de 12 años, fue con sus padres a una gran reunión en el templo. Durante el regreso, José y María no lograban encontrarlo, pero no porque se hubiera ido por ahí con otros jóvenes. Más bien, lo hallaron hablando de asuntos espirituales con los maestros del templo. No solo los adultos pueden y deben asistir a las reuniones. Si eres joven, piensa si estás aprovechándolas al máximo para fortalecer la unidad con los hermanos de la congregación. w14 15/12 3:16-18
Lo hallaron en el templo (Luc. 2:46).
Jehová nos ayuda a mantener la unidad mediante las reuniones. Hebreos 10:24, 25 nos recuerda que una de las razones para no faltar a ellas es que nos motivan “al amor y a las obras excelentes”. Pero es interesante que, además, Jehová nos dé las reuniones para que nos animemos mutuamente a medida que “el día se acerca”. Jesús es un buen ejemplo para nosotros porque apreciaba reunirse con el pueblo de Dios. A la edad de 12 años, fue con sus padres a una gran reunión en el templo. Durante el regreso, José y María no lograban encontrarlo, pero no porque se hubiera ido por ahí con otros jóvenes. Más bien, lo hallaron hablando de asuntos espirituales con los maestros del templo. No solo los adultos pueden y deben asistir a las reuniones. Si eres joven, piensa si estás aprovechándolas al máximo para fortalecer la unidad con los hermanos de la congregación. w14 15/12 3:16-18
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